Mi madre siempre me cuenta la misma historia.
Cada vez que
aparece una mujer asesinada por su pareja o expareja en los medios recuerda a
su propia madre, allá por los años 50, en un pueblo donde se levantaban pocas
casas y todas muy separadas entre sí, recuerda como su madre le gritaba a una
vecina que llegaba corriendo desde su casa, huyendo de su marido, suplicando
que la ayudara porque este la iba a matar.
Mi abuela, según mi madre, que en aquel entonces tendría
unos diez años, le decía: “Mi niña, tienes que volver a casa con tu marido,
aquí no puedes estar, te casaste con él y esto es lo que te tocó…” Este mensaje
lo escuchó mi madre e imagino que en aquella época y durante décadas muchísimas
mujeres y niñas lo escuchaban a todas horas como una especie de mantra repetido
hasta el agotamiento. Esto ocurría en el siglo XX.
Hoy ya casi entrando en el 2018, en pleno siglo XXI, esto
mismo sigue sucediendo, una y otra vez, cada día, a cada hora, en cada momento,
en cualquier lugar…
Sí, hay leyes, sí, hay sensibilización, sí, hay formación,
sí, hay sororidad, sí, hay feminismo, sí, incluso hay un pacto de estado recién
sacado del horno con cientos de medidas. Pero a pesar de todo esto en lo más
profundo, la mayoría de la sociedad convive con esa frase “Mi niña, tienes que
volver a casa con tu marido, aquí no puedes estar, te casaste con él y esto es
lo que te tocó…”
Esta mantra recorre las mentes de nuestra sociedad como agua que fluye por
recovecos de galerías desconocidas bajo la tierra.
Hoy la situación es más grave, porque aún habiendo sacado
leyes adelante (sin ser efectivas) formado al personal de las instituciones
correspondientes (al resto ya se verá) y
recién firmado un pacto de estado (sin dotación de presupuesto) ya no es sólo la vecina, ocurre que muy pocas personas,
pese al supuesto avance que hemos hecho en las últimas décadas, tienen la
consciencia para plantarse y decir que esto no es, y nunca lo fue, un problema
de cada hogar y mucho menos individual.
A la gran mayoría, incluyendo representantes políticos, le
cuesta expresar que es un grave problema social (mucho dieron que hablar las declaraciones del presidente de Canarias el pasado mes de agosto) Un grave problema al que no se le pone asunto,
salvo cuando las feministas nos da por salir “perretosas” a las calles y ellos para calmarnos, no
vaya a ser que la armemos mayor, porque claro, somos unas histéricas exageradas y a veces
nos ponemos muy pesaditas, nos dan un “caramelito” para que nos quedemos calladitas
que estamos más monas, alguna ley que otra, algún guiño participando en
manifestaciones (mejor si está cerca de fecha electoral) o incluso lo último, el pacto de estado.
Todo, absolutamente todo, sobre papel mojado (aunque todo muy "vendible" cara a la galería, si vendible!) pues sigue sin
dotarse de presupuesto, sigue sin dotarse de recursos humanos, sigue sin ser un
problema de primer nivel y sobre todo siguen asesinándonos impunemente.
El mensaje está muy claro, las mujeres hoy, en pleno siglo XXI continuamos siendo
ciudadanas de segunda.
Noticia Público.es Violencia Machista 28/12/2017
La Revolución será Feminista o no será
#NiUnaMenos